ZEPA de Almenara, Moreras y Cabo COPE. FOTO: Murcia enclave ambiental

Para celebrar hoy, Día Europeo de la Red Natura 2000 #Natura2000Day queremos compartir con vosotr@s un artículo de nuestro presidente, Antonio Soler, publicado hace unos años en La Verdad y que creemos sigue estando de total actualidad.

A preservar los espacios protegidos! 

ZEPA de Almenara, Moreras y Cabo COPE. FOTO: Murcia enclave ambiental
ZEPA de Almenara, Moreras y Cabo COPE. FOTO: Murcia enclave ambiental

Nuestra región dispone de 22 zonas de especial protección para las aves, ZEPAs, ocupando unos 2.000 km2, el 17 % de la superficie regional. En ellas aspiramos a compatibilizar el desarrollo humano con la conservación de las aves. Pero, ¿por qué es importante conservar las aves? ¿Porqué no centrarse en anfibios, reptiles o mamíferos?

La razón es sencilla: porqué son magníficos indicadores de cómo tratamos a la naturaleza de la que dependemos. Las aves, evidentemente, pueden volar, y se van cuando las condiciones ambientales dejan de ser idóneas. Además, al ocupar, muchas de ellas, un lugar alto en la pirámide alimentaria son las receptoras finales de los impactos que afectan a las especies que se encuentran por debajo y que les sirven de sustento. Así, cuando utilizamos indiscriminadamente insecticidas afectamos a multitud de insectos que acaban concentrado el contaminante en sus predadores, muchos de ellos aves. De igual modo, cuando transformamos un territorio agrícola para meter la bola en el agujerito, hacemos desaparecer territorios de caza que acaban por forzar a las aves a alejarse o parar su reproducción por falta de alimento.

 

Cuando las aves se van, el mensaje es claro: humanos, nos seguís dificultando la existencia. De este modo, cuando con el paso de los años seguimos erosionando nuestro patrimonio natural, las poblaciones de aves se reducen y, algunas, acaban por extinguirse en ocasiones para siempre. Yo se que, para los que vivimos en un entorno urbano, nuestra vida no cambia porqué las perdiceras sigan volando o desaparezcan, pero detrás de su vuelo podemos leer que no podremos nunca mostrar a los que vienen detrás nuestro lo que fueron las grandes rapaces. ¿Qué darían ustedes por salir a Sierra Espuña y poder contemplar los aquí extintos osos, o lobos, o focas monje entre Palos y Águilas? Estoy seguro de que sería para ustedes, y sus hijos, una experiencia de las llamadas “inolvidables”, al igual que lo son si avistan grupos de delfines, calderones u otros cetáceos frente a nuestras costas.

 

Y ahora, veámoslo desde otro punto de vista: el del propietario de un terreno que queda incluido dentro de una ZEPA. ¿Supone esto un motivo de enfado? Realmente la conservación de muchas especies de aves es totalmente compatible con los usos tradicionales del territorio como la agricultura no intensiva o la caza, pues de hecho la conformación de esos ecosistemas agrícolas, ganaderos y forestales han creado un mosaico de excelente calidad natural. Pero para algunos sí es motivo de enfado, pues entienden que les ha caído una restricción en las posibilidades de aprovechamiento del terreno: por ejemplo, tendrá extremadamente difícil hacer un campo de golf y entenderán que han sufrido un “lucro cesante”.

 

¿Cómo podemos compensar esta teórica pérdida de ingresos?

Pues a través de la llamada compensación por prestación de servicios ambientales. Estos espacios con ciertas restricciones de uso juegan un gran papel dentro y fuera de sus límites: son nichos de biodiversidad cuya conservación es beneficiosa para todos, retienen el suelo evitando la erosión, fijan carbono retirándolo de la atmósfera, crean trabajo evitando el apiñamiento en ciudades, alegran nuestro espíritu cuando nos escapamos de fin de semana y vemos paisajes armónicos y limpios, retienen el agua como una esponja que permite que nuestros ríos no tengan constantes crecidas y bajones.

 

Debemos pues encontrar mecanismos que compensen, económicamente, a los propietarios de estos espacios que, como espero haber sabido transmitir, nos proveen de una gran cantidad de servicios a los que no hemos puesto coste pues siempre han estado ahí. Pero, ¿cuanto cuesta recuperar un río o un paisaje, crear empleo, luchar contra el cambio climático, o disfrutar del majestuoso vuelo de alguna de nuestras grandes rapaces? Sin duda mucho más que intentar conservarlo ahora que todavía lo tenemos. ¿Y como medimos que los fondos están consiguiendo su fin?: pues conservando a las aves, y no olvidando que hemos llegado al punto en que seremos más recordados por lo que fuimos capaces de conservar, que por lo que ya hemos sido capaces de destruir.

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